La estructura del día no cambia: desayuno ligero, almuerzo completo con proteína, merienda con fruta o yogur y cena más liviana.
Para variar, cambia la proteína (pollo, pescado, huevo), el carbohidrato (arroz integral, quinoa, batata) y la verdura de la semana.
Semana 2: energía en aumento, el hambre emocional disminuye. Semana 3: la ropa empieza a quedar distinta. Semana 4: consolidas el hábito.
Si te quedas con hambre, aumenta el volumen de verduras y la proteína, nunca el azúcar.