Antes de cambiar el plato, hay que entender la mano que lo llena. La mayoría de las recaídas no son por falta de información: son emocionales.
El hambre emocional aparece de golpe, pide un alimento concreto (dulce, crujiente, rápido) y deja culpa después. El hambre real aparece poco a poco y acepta cualquier comida.
No eres débil. Tu cerebro aprendió que comer calma la ansiedad, y ese aprendizaje se desactiva con conciencia, no con castigo.
Antes del Día 1: escribe durante tres días qué sentías justo antes de comer fuera de horario. Sin juzgarte. Solo observar.